Dom. Oct 24th, 2021

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ATELETISMO PARA TOD@S

 

HISTORIA DE LA MARATÓN

ORIGEN DEL MARATÓN

La Batalla de Maratón: Tuvo lugar en Grecia, en la llanura de Maratón en el año 490 a.c, en las inmediaciones de esa ciudad griega. Esta
batalla puso fin a la primera guerra
médica, demostró el poderío de Atenas
frente a las tropas Persas y logro frenar la
expansión de los
Persas a pesar de tener un ejército menos numeroso.

Tras la batalla, el general Ateniense Milciades,
envió un soldado a anunciar la victoria en
Atenas. Este soldado que conocemos
con el nombre de Filipides, tuvo que recorrer la

distancia entre Maratón y Atenas, unos 40 Km.  A su llegada a Atenas,
tras anunciar ¡Alegraos Atenie
nses, hemos vencido !, falleció de
agotamiento por el largo viaje.   

El primer Maratón Olímpico  

El primer maratón se organizó en la Olimpiada de 1896 con sede en
Atenas
, en memoria del soldado Griego Filipides. En esta ocasión la carrera se celebraba sobre
la distancia de 40 km y gano un pastor griego llamado, Spiridion
Louis.

A partir de este momento, la prueba de maratón suele ser prueba de
clausura de toda competición atléticas, incluidos los juegos Olímpicos. Había
nacido el Maratón como carrera Atlética.  

                    La distancia Moderna
   

Los 42,195 Km.: Se estableció en 1908 en los Juegos Olímpicos de
Londres. Corresponde a la distancia entre el palacio real de Windsor, donde
comenzó y el estadio de White City, donde estaba la meta.

La prueba en un primer momento, iba a disputarse sobre la distancia
de 38 Km., pero el Príncipe de Gales, Jorge V, quiso que la salida se tomase
desde el Castillo de Windsor, según se cuenta el motivo de esa petición era porque
ese día llovía y no querían que la Reina se mojara, con lo que la distancia final
quedo en 26 millas y 385 yardas, dando los actuales 42.195 metros, quedando
como definitiva y reglamentaria esta distancia en los Olímpicos de Paris en
1924.

                           El Maratón: “algo más que 42 kilómetros”

Para los maratonianos, la carrera no debe terminar al paso por la línea de Meta. En
ese momento empieza todo un repertorio de cuidados que tienen como objetivo
intentar aliviar la destrucción celular que se ha producido a lo largo de la
carrera. En la llegada no hay que detenerse bruscamente, sino que conviene
hacer un esfuerzo más y trotar suavemente o caminar para favorecer la vuelta
a la calma.

Además del corazón, es necesario cuidar de las piernas. Es
conveniente darse un masaje en las zonas doloridas aplicándose hielo o darse
un baño relajante en agua templada.

Se debe
continuar con la rehidratación, un proceso que comienza en la propia carrera,
tomando el agua que la organización ofrece en los puestos situados cada cinco
kilómetros. Durante las dos o tres horas siguientes al Maratón hay que
prestar especial atención a la recuperación de agua, sales minerales y glucógeno.
La primera comida no ha de realizarse hasta tres horas después de la carrera.
Se han de tomar purés, zumos, patatas cocidas y, en general, alimentos poco
agresivos para unos intestinos que todavía se están recuperando ya que
durante el esfuerzo el músculo acapara toda la sangre que puede en detrimento
de otros órganos.


Todas estas pautas han de mantenerse los días siguientes a la competición.
Para completar la recuperación física basta con descansar y hacer algunos
ejercicios de estiramiento. La natación puede ser un ejercicio especialmente
beneficioso para el post-maratón siempre y cuando se practique en sesiones de
corta duración, no más de media hora, y de intensidad mínima. También es
conveniente continuar con los masajes de relajación y la hidroterapia, así
como con una alimentación que tenga su base en los hidratos de carbono y las
proteínas, que son las sustancias que los músculos precisan para volver a la
situación normal.

         
El muro es algo más que la parte más dura de cualquier maratón. Es también el
tramo donde se gana o se pierde la carrera, los metros que ponen a prueba la
idoneidad del entrenamiento realizado, ese pedazo de asfalto que
calibra la
valía de la fortaleza mental como improvisada sustituta de una energía física
ya renqueante. De un modo u otro, este muro lo atraviesan todos los
corredores que llegan hasta la meta. Sin embargo, hay otro muro, quizá menos
pronunciado pero mucho más largo, que se convierte en un tormento para los
atletas que no han conseguido el objetivo con el que iniciaron la prueba: es
el muro del día después.
La sensación que acompaña al éxito suele ser tan intensa como efímera. Por el
contrario, el fracaso es más espeso: tarda en desaparecer. Al desgaste físico
que supone haber perseguido una marca hasta casi el final de la prueba, se añade
una impresión negativa de todo lo realizado. Comienza entonces un rosario de
preguntas que, como el penoso discurrir de los kilómetros más duros del muro
se agolpan en la mente del corredor: “¿Qué pudo fallar? ¿No fue mi día o
no acudí a la prueba con garantías suficientes? ¿El objetivo marcado fue
ciertamente utópico o faltó mentalización? ¿Llegué con el peso adecuado,
entrené mis puntos débiles, planifiqué correctamente la semana anterior a la
prueba, alimentación, descanso, etc.?” Estas y otras muchas dudas sólo
podrán resolverse con el tiempo. Pero, sin duda, el próximo maratón comienza
a ganarse en esta fase: analizando las causas que impidieron la consecución
del objetivo marcado e ideando soluciones que impidan su reaparición.

El maratón es un punto y aparte en el deporte, que trasciende sus
implicaciones respecto a la competitividad, el tiempo libre o el bienestar físico.
Del mismo modo, los maratonianos son una especie única de deportistas a los
que ni siquiera un muro tan elevado como el que da inicio el día después del
fracaso puede llevarles al desánimo; al contrario, sólo será un resorte más
para afrontar una nueva prueba.

Diario El Pais – España –

 

 

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